miércoles, 10 de noviembre de 2010

El hábito de la lectura y los medios de comunicación

Por Alvaro Monsalve

El día 30 del pasado mes, Sebastián Piñera, en el marco de la inauguración de la trigésima Feria Internacional del Libro de Santiago, se comprometió a duplicar el hábito de la lectura, a la luz de la cifra que señala que el 60 por ciento de la población no ha leído jamás o lo ha hecho en contadas ocasiones. Este número se desprende de un estudio del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes realizado en 2004 y 2005, en donde se indica que –sólo- un 40,4 por ciento de los encuestados leyó al menos un libro en los doce meses previos al proceso de encuesta.

Típicamente, en un país fuertemente vinculado a los números, tanto encuestas como cifras monetarias, números como este encuentran reacciones discursivas que enfatizan la necesidad imperiosa de invertir recursos en pos de promover la lectura, y específicamente, como es habitual, en los niños. En lo personal, cifras como éstas y otras que circulan en la prensa producen una profunda insatisfacción con respecto a cómo se formulan y funcionan actualmente las propuestas para incentivar la lectura de Chile. Si bien el Estado y la educación formal, a través del Plan Nacional de Fomento a la Lectura, constituyen un avance al menos en mostrar que existe preocupación en el gobierno sobre el tema, los resultados de la puesta en práctica del plan han sido lejanos a lo satisfactorio; no es azar que el presidente haya puesto el problema de la lectura en la agenda de gobierno.

Un actor fundamental en la cotidianeidad son los medios de comunicación, los cuales se encuentran intrínsecamente relacionados con los hábitos de lectura. Recordemos que el libro, gracias a la invención de la imprenta, pudo transformarse en el primer medio masivo de comunicación. Piñera, precisamente, se refiere al valor técnico del libro sosteniendo que es “algo que junto con muy otras pocas cosas ha sido uno de los grandes inventos de la humanidad”. La formulación del Plan Nacional de Fomento de la Lectura en el gobierno de Michelle Bachelet, se planteó como objetivo elevar los niveles de lectura, lo cual se desglosa en comportamiento lector (hábitos de lectura) y comprensión lectora, con ciertos matices que recuerdan lo realizado en el gobierno de Salvador Allende a través de la editorial Quimantú. El plan incluía en sus objetivos estructurales la participación de los medios de comunicación, mediante difusión de literatura y promoción de la lectura. La participación de los medios de comunicación en tal tarea no es contraproducente en términos generales; en el estudio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes se señala que el ver Televisión no afecta significativamente en los hábitos de lectura. Sin embargo, el estudio no da cuenta de la influencia psíquica y simbólica de los medios masivos de comunicación en el comportamiento lector.

En los años 1960, Marshall McLuhan, teórico de los medios de comunicación, señalaba el “eclipsamiento de la galaxia Gutenberg (lectura) por la constelación Marconi (Radio)”, esto es, el retorno de la oralidad, en medio de una sociedad que basaba su comunicación de masas en el texto escrito; con esto en mente, es imposible obviar su conocido postulado de que “el medio es el mensaje”. Planteo esto como forma de generar discusión, puesto que, mientras por un lado no parece incorrecto afirmar que los medios de comunicación puedan colaborar en la tarea de fomentar la lectura, en cuanto no afectan directamente el comportamiento lector; el medio por el cual se pretende estimular la lectura es audiovisual, y el mensaje que pretende transmitir resulta ser antitético a la lectura. Fuera de toda duda –aunque los bibliófilos puedan refutarlo- la Televisión y la Radio, en términos conductistas, son mucho más estimulantes que un libro o un diario, por lo tanto, se hace difícil, si no imposible, estimular la lectura frente a tales medios, especialmente en los niños.

El panorama que ofrece Internet no es tan distinto. Es indudable que el medio principal en que se basa es la escritura, pero sus características no son iguales a las que puede tener un libro. El texto que predomina en Internet es conocido como hipertexto, es decir, un texto que se encuentra ligado (linked) a otra página, la cual puede contener imágenes, video, audio u otro texto, es decir, sus capacidades estimulantes siguen siendo mayores a las de un libro. Se ha afirmado que la cantidad que se lee en Internet en forma de texto, podría equipararse a lo que se lee en un libro, no obstante, la gran mayoría de los textos que encontramos en Internet son muy breves –muchas veces más que un artículo de periódico-. Dicha situación es similar a la de alguien que a comienzos del siglo XX, se comunicaba a través de la telegrafía. Lo que los libros poseen en profundidad analítica o descriptiva, los medios de comunicación actuales lo poseen en estimulación concreta de los sentidos del receptor.

Debido a lo expuesto, las estrategias gubernamentales no serán efectivas en la promoción de hábitos y comprensión lectora, si no tienen en cuenta el medio en que lo efectúan. La lectura, fundamentalmente de libros, ficción o no, es indudablemente un elemento de valor para el sujeto en la sociedad. Teniendo en mente a Pierre Bourdieu, la lectura constituye un elemento de integración al campo de la lucha de clases (o movilidad social, para otra ideología), por cuanto es un capital cultural, ya sea objetivado (libros) o incorporado (comprensión lectora, hábitos de lectura). Según el estudio del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, la variable que más afecta la probabilidad de tener niveles de lectura normales (en comparación con otros países) son los años de escolaridad. Es por ello que no apreciaremos un cambio real en las conductas de lectura mientras no se corrijan las abismantes desigualdades educativas del país. Por otro lado, será imposible que se valore la lectura en la práctica, si la tomamos como un elemento dispuesto a colaborar con los medios de comunicación.

El esfuerzo realizado por el Plan Nacional de Fomento de la Lectura no tuvo los efectos deseados en su objetivo de promoción debido a la escasa reflexión en cuanto a la relación entre el mensaje y los medios por cuales se transmite. Si queremos mejorar los niveles de lectura de los chilenos, es menester ver la lectura como muestra de las contracciones existentes, tanto en el medio por el cual queramos promoverla, como las contradicciones de fondo existentes en la estructura de nuestra sociedad.

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